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No todos los productores de mezcal han experimentado el auge comercial de la misma manera. Las pequeñas destilerías familiares y las productoras dirigidas por mujeres en las comunidades oaxaqueñas operan dentro del mismo marco regulatorio y de mercado que las grandes marcas internacionales, pero su relación con ese marco, y las presiones que genera, son sustancialmente diferentes.

El impacto ambiental de la expansión comercial del mezcal se manifiesta principalmente en el cambio de uso del suelo. En los valles productores de mezcal de Oaxaca, las plantaciones de agave se han expandido a expensas del bosque seco tropical y el bosque de pino-encino durante tres décadas. Este proceso está impulsado por incentivos económicos vinculados a la demanda de exportación, y sus consecuencias van más allá de la pérdida de cobertura forestal.

Según COMERCAM, el organismo regulador del mezcal en México, la producción de mezcal creció de aproximadamente un millón de litros en 2010 a más de once millones en 2024. Casi toda la producción se concentra en Oaxaca. Menos del 30% de la producción se queda en México. Alrededor del 75% de las exportaciones se destinan a Estados Unidos.

México cuenta con un marco legal para la gestión de residuos electrónicos desde hace más de una década. La brecha entre lo que exige dicho marco y lo que sucede en la práctica cuando un residente desecha un teléfono o un televisor averiado es el contexto en el que se desarrollan campañas municipales de recolección como la de Puerto Vallarta. La ley no está ausente; lo que falta es su cumplimiento.

La campaña de recolección de residuos electrónicos en Puerto Vallarta, descrita en nuestro artículo principal, se desarrolla en un contexto nacional donde la capacidad formal de reciclaje es considerablemente menor que el volumen de residuos electrónicos generados. Comprender esta brecha, y la economía informal que se ha desarrollado para llenarla, permite esclarecer qué logran realmente las campañas municipales y qué no.

El Departamento de Sostenibilidad Ambiental de Puerto Vallarta está llevando a cabo una campaña de recolección de residuos electrónicos de tres días desde Marzo 11 a 13, con cinco puntos de entrega temporales distribuidos por todo el municipio. La iniciativa, supervisada por el alcalde Luis Munguía, ofrece a los residentes una forma estructurada de deshacerse de aparatos electrónicos viejos sin enviarlos al vertedero habitual. La recogida se realiza desde De 9:00 a 16:00 todos los días..

Las comunidades de Jicacal y Las Barrillas, afectadas por la contaminación petrolera de marzo de 2026, tema central de nuestro artículo, representan un tipo de asentamiento costero cuyo modelo económico es a la vez productivo y frágil. La pesca y la acuicultura a pequeña escala proporcionan medios de subsistencia estables cuando el medio marino está sano. Estos pueden verse interrumpidos o destruidos rápidamente cuando no lo está.

Lo que hace que la situación actual sea particularmente difícil es que el derrame afecta a las dos principales fuentes de ingresos de la comunidad a la vez, no solo a una.

La contaminación petrolera no atribuida en las playas de Veracruz, tema central de nuestro artículo, no es un hecho aislado dentro del historial operativo de Pemex en la región del Golfo de México. Comprender el historial de derrames de la compañía, el marco regulatorio que rige la respuesta a incidentes en México y las razones estructurales por las que la atribución ha sido consistentemente difícil, permite entender la situación que enfrentan las comunidades afectadas en Jicacal.

Los habitantes de Jicacal, un pueblo pesquero en la costa del Golfo de México de Veracruz, han estado retirando manualmente el alquitrán endurecido de sus playas luego de que el petróleo comenzara a llegar a la costa a principios de marzo de 2026. El derrame se ha extendido a lo largo de la costa hasta la comunidad vecina de Las Barrillas. Desde el 1 de marzo, la organización ambientalista Cemda ha identificado más de una docena de sitios de derrame en las playas de Veracruz y el estado vecino de Tabasco.

El robo de más de 100 tortugas casquito de Vallarta de un centro de investigación universitario, tema tratado en nuestro artículo principal, es un ejemplo concreto de un patrón más amplio de comercio ilegal de vida silvestre que el sistema de control ambiental de México ha tenido dificultades para contener. Comprender el alcance de este patrón, las vulnerabilidades específicas de las especies endémicas que lo conforman y los desafíos estructurales que enfrenta la aplicación de la ley proporciona el contexto necesario para entender por qué la alianza formada en torno a la tortuga casquito representa una respuesta importante, aunque parcial.

La alianza formada en torno a la tortuga Vallarta Casquito, tema central de nuestro artículo, reúne a actores que rara vez coinciden: una agencia federal de control ambiental, una universidad pública y organizaciones civiles locales. En el panorama de la gobernanza ambiental mexicana, esta combinación no es automática ni fácil de mantener. Comprender por qué se forman las alianzas interinstitucionales para la conservación, qué pueden lograr y dónde tienden a fracasar, proporciona el contexto necesario para evaluar qué puede ofrecer de manera realista la colaboración entre CUCosta y la Profepa para la única tortuga endémica de la Bahía de Banderas.