Puerto Vallarta durante la temporada de lluvias.
Ha llegado el verano y con él las lluvias. Puerto Vallarta, una ciudad costera que se encuentra con el mar, es el punto de confluencia de cinco ríos y alberga una rica diversidad de especies exóticas en su entorno ribereño. Entre estos cursos de agua, los más destacados son el río Mismaloya, la veta Santa María y el río Cuale. Es precisamente durante la temporada de lluvias cuando diversas especies animales abandonan sus hábitats montañosos para acercarse a las zonas pobladas cercanas al mar. Sin embargo, resulta preocupante saber que estos animales enfrentan amenazas debido al arrastre de importantes cantidades de desechos provenientes de las zonas habitadas vecinas. Entre estos desechos se encuentran bolsas, materiales de construcción, plásticos, madera en descomposición, papeles, botellas y muebles inutilizables. La fauna sufre las repercusiones de actos irresponsables que ocurren tanto antes como durante el período lluvioso.
Aproximadamente entre el 70% y el 75% de la contaminación marina mundial se debe a actividades humanas que tienen lugar en tierra. Asimismo, alrededor del 90% de los contaminantes son transportados por los ríos y depositados en el mar. Por otro lado, entre el 70% y el 80% de la población mundial (equivalente a unos 3.6 millones de personas) reside en zonas costeras o en sus proximidades, especialmente en entornos urbanos. En estas localidades, una parte importante de los residuos generados terminan directamente en el océano. Esta realidad ha resultado en la alteración de numerosos ecosistemas críticos, algunos de los cuales son únicos en el mundo. Ejemplos de estos ecosistemas incluyen bosques de manglares, arrecifes de coral, lagunas costeras y otros lugares situados en la interfaz entre los reinos terrestre y marino. Lamentablemente, muchos de estos ecosistemas han sufrido alteraciones que sobrepasan su capacidad de recuperación.
Puerto Vallarta no es una excepción a este tema, por lo que urge implementar medidas de mitigación y limpieza en las zonas más afectadas, tanto en las playas como en los asentamientos cercanos a los ríos de la ciudad. Estas acciones apuntan directamente a proteger las formas de vida que prosperan en los estuarios fluviales, donde las aguas de los ríos se mezclan con las del mar.




