Homenaje a los caídos: los árboles
Los vientos de Lidia, el huracán, provocaron su caída, hasta los más viejos, los más altos, los más arraigados fueron doblados desde la misma raíz.
Fueron derribados, sin importar su tamaño, ubicación o la espléndida sombra, vida y belleza que proporcionaban en diversas zonas y rincones del puerto. El corazón se encoge al presenciar tal devastación.
Incluso algunos cayeron en fila, uno tras otro como soldaditos de plomo, como amigos fraternos que se niegan a abandonar a quienes fueron sus compañeros de vida durante décadas. Afortunadamente, muchos más siguen en pie.
Se sabe que existe un lenguaje entre ellos, se comunican a través de la red que crean bajo tierra para nutrirse y fortalecerse para su supervivencia desde la antigüedad. Además, sirven como refugio y hogar perfecto para una variedad de insectos, pájaros y algún que otro niño que todavía los considera un centro creativo de recreación.
¿Cuántas plantaremos para reponer las que faltan? Los expertos recomiendan tres por cada uno.
Ojalá que la reducción despiadada que nos impone en Vallarta y la región un poderoso fenómeno climático sea precursora de una conciencia ecológica expansiva, fortalecida y activa. Que el amor, el respeto y el cuidado de los pulmones que oxigenan los hogares, las calles y las ciudades –los árboles– sean plantados de generación en generación.