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Entre huellas y espera: la nueva cara del trámite de visas para mexicanos.


Desde que el calendario marcó el último día de mayo, algo ha cambiado en el ya complejo proceso de solicitar una visa para entrar a Estados Unidos. Para miles de mexicanos, el proceso —ya riguroso, meticuloso y estresante— ahora tiene un giro: la separación obligatoria entre el registro biométrico y la entrevista consular. Se acabó tener que hacerlo todo en un solo día. Se acabó cruzar ciudades con la esperanza de regresar a casa con el trámite completo.

La Embajada de Estados Unidos en México fue clara en su anuncio: cualquier persona que desee solicitar una visa de no inmigrante debe acudir primero al Centro de Atención al Solicitante (CAS) al menos 48 horas antes de la entrevista consular. La medida, anunciada en su cuenta oficial de Instagram, busca optimizar y mejorar el flujo de atención. En otras palabras: más orden, menos caos. Pero también más tiempo, más gastos, más logística.

Para quienes viven en estados alejados de las ciudades donde se ubica el CAS, la noticia ha significado un doble viaje. Hoteles, transporte, días libres. "Nos va a costar el doble. Ya no es solo la visa, es todo lo que conlleva", dice Ana Gabriela, una maestra de Sinaloa que planea visitar a su hijo en Houston. "Ya tienes tus ahorros contados, y de repente cambian las reglas".

El nuevo procedimiento ha obligado a reprogramar citas previamente reservadas. Los solicitantes que ya habían programado ambos pasos para el mismo día están recibiendo correos electrónicos con nuevas fechas para acudir al CAS. Si no ha recibido este correo electrónico, la recomendación es clara: contacte con el Centro de Atención de Visas lo antes posible a través del sitio web oficial. Ahora más que nunca, es crucial tener su información de contacto actualizada para no perder el rastro de un proceso que puede tardar meses.

Los requisitos siguen siendo los mismos: pasaporte válido por al menos seis meses después de la fecha estimada de entrada a EE. UU., formulario DS-160 completo y confirmación de cita impresa. En el CAS se recopilan datos biométricos (huellas dactilares y fotografías), que se consideran un filtro esencial para garantizar la identidad del solicitante.

El costo también ha aumentado. Para 2025, la visa de turista o de negocios (B1/B2) costará $185, poco más de $3,500 pesos mexicanos al tipo de cambio actual. Otras visas especializadas, como las H, L, O, P, Q y R, tienen un costo de $205, o aproximadamente 3,935 pesos.

Estas no son cantidades pequeñas en un país donde el salario mínimo ronda los 250 pesos diarios. En medio de todo esto, algunos se preguntan si este nuevo modelo no es también una forma velada de restringir indirectamente el flujo de solicitantes. El endurecimiento del discurso migratorio en Estados Unidos, especialmente tras los últimos enfrentamientos fronterizos y la cobertura mediática, ha creado un clima de mayor escrutinio. Aunque la embajada insiste en que la medida es técnica y administrativa, la ciudadanía la siente como un filtro más para un sueño que ya era difícil de alcanzar.

Las redes sociales se han visto inundadas de preguntas, quejas y advertencias sobre correos electrónicos falsos o confusos. Las autoridades recomiendan verificar que cualquier mensaje provenga de la dirección oficial. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra robots de spam. Es necesario activar Javascript para visualizarla.. De lo contrario, es mejor no hacer clic. El fraude en los trámites migratorios ha aumentado junto con la desesperación. En casos urgentes, como fallecimientos, tratamientos médicos o emergencias familiares, los solicitantes pueden solicitar una cita de emergencia, aunque esto implica un proceso paralelo aún más cuidadoso y documentado. Así, trámites que antes se podían completar en un solo día ahora se han extendido, diversificado y fragmentado, junto con las esperanzas de miles de mexicanos que ven la visa como un pase temporal, una oportunidad o, al menos, un símbolo de movilidad en un mundo cada vez más cerrado.

La frontera no es solo geográfica. A veces, comienza con una forma y una fotografía tomada en silencio, entre luces frías, huellas dactilares y esperas interminables.